Por: Marvin Murguía Villarroel, sociólogo.
Lo que vivimos en nuestro país no es solo un conflicto político o económico es el agotamiento de un modelo de convivencia y racionalidad compartida, que más adelante señalaré y describiré, se ha roto el acuerdo mínimo sobre como tomar decisiones, como respetar al otro y como construir futuro en común.
¿Por qué se hablo de descomposición de la racionalidad social?
La racionalidad social es en resumen un acuerdo implícito que podríamos definir de la siguiente forma: “defiendo mis intereses, pero sin destruir las condiciones para que todos podamos vivir”, hoy ese acuerdo se ha fracturado en tres frentes:
Las organizaciones sociales poder sin contrapeso real: No representan exactamente a “la mayoría absoluta”, pero sí tienen capacidad de veto territorial: controlan las rutas principales, el acceso a ciudades y la movilidad básica, especialmente en el occidente (La Paz, El Alto y Cochabamba).
Lógica actual: han convertido el bloqueo en herramienta habitual de presión, no solo para defender derechos, sino para imponer agendas políticas. El problema no es que reclamen, ¡¡es legítimo!!, sino que el costo de su protesta lo paga toda la sociedad: desabastecimiento, medicinas retenidas, pérdidas millonarias y cierre de la economía en un país ya en recesión.
Seguro que estas medidas tendrán un alto costo, para poder reposicionar la tranquilidad y la gobernanza que conlleve paz y armonía en su diario convivir.
Paradoja: Defienden “lo popular”, pero sus acciones terminan afectando más a los pobres, que no tienen reservas para soportar la escasez que se agudiza.
Veamos ahora la otra vereda.
El Gobierno tiene legitimidad débil y decisiones excluyentes.
Siendo el contexto: Rodrigo Paz Pereira, primer ciudadano extranjero de doble nacionalidad por parte de sus padres, llegó al poder tras el fin de un ciclo largo de gobiernos de corte entre “comillas de izquierda” con una brecha de corte derechista que ahora gobierna con el (habiendo perdido las elecciones) heredando una crisis profunda: reservas bajas, déficit fiscal alto, inflación y caída de hidrocarburos.
Percepción: sus medidas (ajustes, eliminación parcial de subsidios, acercamiento a capitales externos), se interpretan como favorables a los sectores concentrados: banqueros, grandes exportadores y empresas transnacionales, mientras trasladan el costo del ajuste al salario y al consumo popular.
Fallo central: No construyó diálogo previo, no explicó con claridad y dio la impresión de gobernar solo para estabilizar cuentas, no para distribuir la carga equitativamente.
La clase media el eslabón más frágil.
Situación: históricamente nunca tuvo privilegios ni siquiera con los predecesores de Paz (Evo, Añez, Arce), es la que paga todo el precio de las diferencias entre los que causan el problema y los problemáticos. No tiene poder de bloqueo ni organización orgánica, ni privilegios fiscales, ni capacidad de negociación. Sufre inflación, escasez, caída de su poder adquisitivo y paralización de sus actividades.
Actitud social: se sienten desprotegidos por ambos lados, ve al gobierno como distante y a los bloqueos como injustos, pero no encuentra un espacio propio para expresarse. Por eso parece “perdida”, no tiene un proyecto propio, solo rechazo a lo que le toca vivir.
¿Qué hay detrás, solo poder o crisis estructural?
Esta crisis no empieza hoy, es el resultado de 20 años de un modelo extractivista que agotó sus motores, por la falta de visión renovadora y por la falta de capacidad de planificación, lo ESTOCÁSTICO pudo más que lo racional y técnico. (Trae similitudes con lo que vivió el pueblo egipcio en la época de 7 años de bonanza y luego 7 años de crisis).
Se basó en vender gas y minerales, sin diversificar la economía, ni crear instituciones sólidas.
Se fortaleció la lógica de “presionar para obtener”, en lugar de “negociar para acordar”.
Nunca se resolvió la discusión: ¿cómo se reparte la riqueza?, ¿quién decide sobre los recursos? ¿hasta dónde llega el derecho a protestar sin dañar a terceros?.
Hoy la riqueza cambió de mano, Potosí lidera exportaciones, pero las reglas siguen siendo las mismas, cada grupo usa su poder para imponerse, sin importar el bien común.
Conclusión de fondo
La crisis actual muestra que ningún sector puede gobernar solo. Los movimientos sociales tienen fuerza territorial, pero no tienen propuesta económica para sacar adelante al país. El Gobierno tiene facultad legal, pero le falta legitimidad social.
La clase media es el termómetro cuando sufre, significa que todo el sistema está fallando.
La verdadera descomposición no está en los reclamos, sino en la pérdida de la creencia de que podemos construir acuerdos.
La verdadera salida política no pasa por la triunfo o la voluntad de un actor sobre otro, sino por la reconstrucción de acuerdos – negociaciones que permitan recuperar la gobernabilidad, gobernanza y la convivencia democrática, acompañados indisolublemente de una visión cohesionada de futuro para Bolivia.
